Es muy común oír: “Eres de los que se distrae con una mosca”. Cuando decimos que alguien se distrae con una mosca nos referimos a que la atención cambia involuntariamente a otro lugar o estímulo.
Tengo que reconocer que mi atención es errática. Nuestra mente divaga. ¿Por qué? Todos podemos reconocer que nuestra mente puede comenzar a vagar por distintos pensamientos. Es una experiencia muy común. Es un ir sin rumbo de imagen en imagen. Cuando divago me distraigo y voy de un estímulo a otro sin atención, sin voluntad. Perder la atención es muy fácil.
Lo contrario de la divagación mental es la concentración mental. La concentración implica dirigir la atención donde quiero. Al atender centro la atención, al no atender me desconcentro del tema en el que estoy ocupado. Robustecer la atención lleva implícito tener consciencia durante períodos más amplios y divagar menos.
¿Qué es la divagación mental o el fantasear?
Divagar mentalmente es que la atención se aleje de una manera mecánica del instante presente o, dicho de otra manera, de la acción que estoy realizando. Fantaseo y me voy del tema en el que estoy ocupado y, por tanto, del aquí y el ahora. No hay voluntariedad en este cambio de la atención hacia otro estímulo. Divagar es alejar la atención de la acción que estoy realizando en el instante presente. Las divagaciones se producen de una manera mecánica, no son un acto voluntario. Me alejo del aquí y del ahora hacia otro estímulo. Divagar nos lleva a fantasear con sucesos o historias. Divagar es viajar sin rumbo y sin intención por emociones e ideas. Viajo al pasado, al futuro e imagino cosas sin mi intención.
¿Cómo dejar de divagar mentalmente?
Con un sencillo ejercicio, tratando durante seis y ocho minutos de llevar una actitud atenta y no distraerse, se nos pone de manifiesto que divagamos una y otra vez. Nos vemos absorbidos por emociones y pensamientos que nos llevan al pasado o al futuro mecánicamente. La vida nos muestra que divagar es muy fácil.
Esta situación no debe considerarse una fuente de preocupación. La atención se pierde continuamente y la salida que tengo es reanudar una y otra vez. Darse cuenta de que uno se ha distraído, nos muestra que volvemos a estar atentos. Esta experiencia de darse cuenta es de agradecer.
Dejo de divagar cuando dirijo mi atención. Cuando la mente se encuentra divagando, focalizo mi atención en lo que estoy haciendo, de una manera relajada, y los pensamientos y los ánimos se apaciguan.
Pronto veré que vuelvo a divagar: no pasa nada. Insisto gustosamente en dirigir la atención otra vez a lo que estoy haciendo en el momento presente. El forzamiento no es interesante. El farol de la atención se lleva con mano amable. La atención es como un farol que puede ser dirigido con la intención de alumbrarnos diversos objetos y lograr una transformación consciente.
¿Cómo se fortalecen las divagaciones?
El acto de divagar se fortalece cuando alimento esa ensoñación. Cuando me “fusiono” con esas fantasías, es decir, cuando me identifico con ellas. Identificarse es creernos su mensaje sin ningún tipo de crítica o reflexión.
¿Cómo se debilitan las divagaciones? Pierden fuerza si me convierto en un observador que guarda distancia con esa divagación. Ralph Waldo Emerson decía: “Lo único que puede crecer es aquello a lo que le das energía”.
La divagaciones mentales se amplifican principalmente cuando estamos cansados, tenemos sueño o estamos bajo la presión emocional de algún acontecimiento. Por tanto, la atención, que es un trabajo intelectual, se dirige mejor cuando no concurren esas circunstancias. Además, la atención se podrá mantener más tiempo.
La divagación también pierde terrero si ejercitamos la atención. Un buen entrenamiento diario es clave y un buen indicador de esa práctica diaria es que uno pueda dirigir su atención sin prácticamente proponérselo y gracias a esa práctica gustosa y sin forzamiento del día a día.
¿Por qué divago tanto?
Divagar es muy habitual. Hace frío y me imagino con un abrigo que da mucho calor; estoy mal en el trabajo y mi mente divaga con que me toca un premio y puedo dejar de trabajar; me siento solo y ensueño con una pareja; me experimento desprotegido y ensueño con riquezas; etc. El “soñar despierto” es muy común: así realizamos la mayoría de nuestras actividades cotidianas. Voy pasando de un momento de divagación a otro momento de atención y, nuevamente, a otro momento de divagación.
Estos ejemplos nos llevan de la mano para comprender el motivo de nuestras divagaciones. Divagar en un momento dado pude mitigar cierta tensión que vivo. Una divagación puede pretender neutralizar o compensar esa dificultad que se me presenta. Por tanto el ensueño o divagación cumple una función.
Divago tanto porque experimento en mi interior dolor o sufrimiento y, entonces, aparece una imagen compensatoria que es una divagación mental compensatoria.
¿Para qué divagar menos?
Una transformación consciente lleva implícito tener consciencia de mí mismo durante períodos más amplios. Atender más y divagar menos nos ayuda a tomar conciencia de nuestro poder.
Divagar menos me lleva a:
- No verme tan arrastrado por los estímulos que se me presentan.
- Ser más consciente de mí mismo.
- Ser más consciente de lo que me rodea.
Ejercicios con la divagación y la atención
Ejercicio 1
He llamado a este ejercicio “Hola y adiós” y consiste en lo siguiente:
- Observo los pensamientos que van apareciendo.
- Con cada uno que sea capaz de estar atento digo: “Gracias pensamiento por lo que me cuentas, adiós pensamiento”.
Ejercicio 2
Observo que aparece un pensamiento, una idea, una imagen mental...
Sigo esa idea, ese pensamiento...
Presto atención a mis divagaciones.
Sigo esa fantasía...
Solo sigo ese pensamiento...
Citas sobre la divagación
“El parloteo mental produce un serio desgaste de tu energía vital. El pensamiento compulsivo es, en realidad, una adicción”
(Eckhart Tolle: El Poder del Ahora, Gaia Ediciones, pág. 42)
“Siempre que surja un pensamiento sano, reconócelo: <<Acaba de surgir un pensamiento sano>>. Y si surge uno malsano, reconócelo también: <<Acaba de surgir un pensamiento malsano>>. No te apegues a él ni intentes rechazarlo, por más que te desagrade. Basta con reconocerlo. Si te has ido, debes saber que lo has hecho, y si sigues estando ahí, debes saber que sigues estando ahí”.
(Thich Nhat Hang: El milagro de mindfulness; Zenith, pág. 55)
“La mente es como un mono saltando de rama en rama por el bosque, dice el sutra. Para no perder de vista al mono por si se mueve de pronto, debemos observarlo constantemente e incluso ser una unidad con él”.
(Thich Nhat Hang: El milagro de mindfulness; Zenith, pág. 57)
“Observamos que la mente se traslada de un objeto a otro, instante tras instante. Que es muy difícil mantener una idea, un pensamiento, sin que se filtren elemento ajenos a ellos, es decir: otras imágenes, otras ideas, otros pensamientos. A estos contenidos erráticos de conciencia, los llamamos “ensueños”. Estos ensueños o divagaciones, dependen de las presiones de los otros niveles, también de estímulos externos tales como ruidos; olores; formas; colores, etcétera, y de estímulos corporales como tensión; calor; hambre; sed; incomodidad, etcétera. Todos estos estímulos internos y externos, todas estas presiones que están actuando en los otros niveles, se manifiestan formando imágenes y presionando al nivel vigílico. Los ensueños son inestables y cambiantes y constituyen impedimentos al trabajo de la atención”.
(Silo: Apuntes de psicología, psicología II, Niveles de trabajo de la conciencia. Ensueños y núcleo de ensueño)
“Sin embargo, muchas personas pasan nueve décimos de su existencia imaginando toda clase de acontecimientos desagradables, todas las desgracias que pueden recaer sobre ellos y sobre su familia, todas las enfermedades que pueden contraer, y todos los sufrimientos que tal vez tendrán que soportar.
"La «imaginación» y el «ensueño» son ejemplos del funcionamiento equivocado del centro
intelectual.
"La observación de la actividad de la imaginación y del ensueño, constituye una parte muy importante del estudio de sí”.
(Ouspensky (recopilación de las ideas de Gurdjieff): Fragmentos de una enseñanza desconocida, Gaia Ediciones, pág. 171)
“Señores, deben ser muy serios, muy sinceros, para observar todo el movimiento del pensamiento como conciencia, todo el movimiento del pensamiento como un río que fluye”.
(J. Krishnamurti: Darse cuenta; Gaia Ediciones 4ª edición; pág. 85)
“Nuestra inmadurez mental no nos permite ser conscientes del uso que hacemos de la gran mayoría de los pensamientos que pensamos, ni tampoco de cómo miramos a través de ellos, como si fueran cristales de colores, para ver lo que llamamos realidad.”.
“(…) vemos claramente dos posibles distintos usos del pensamiento o identificarme con él o contemplarlo”.
(Sergi Torres: ¿Me acompañas? Una invitación a despertar; Urano; pág. 66)

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